Tus palabras definen a tus hijos, ¿cómo las usas?

Tus palabras definen a tus hijos, ¿cómo las usas?



Cuando pensamos violencia nuestra mente corre a una película de acción: golpes, caídas, moretones, ruido, cosas que vuelan. Pero hay un tipo de violencia que es invisible -en principio- y que es muy difícil de reconocer. Una que no se nota a simple vista, pero que deja cicatrices imborrables en la personalidad, me refiero a la violencia verbal y, como las palabras que decimos son así, efímeras, muchas veces la pasamos por alto.

Por Mayra Barrientos, #mamádeotromar

 Muchas veces me sorprendo de cómo se intenta justificar o minimizar un hecho de violencia.

Al principio te parece que es malo que te roben un auto, pero con el tiempo piensas que no es tan grave, porque no te pasó nada físicamente. Desde luego es infinitamente más importante el hecho de que estés bien, pero de ninguna manera podemos minimizar el que te roben un coche  ¡que ni has terminado de pagar! Estas situaciones que vivimos diariamente, nos vuelven permisivos respecto a la violencia.

Piensa en la importancia de las palabras, muchas cosas poéticas se pueden decir sobre ellas… pero para ser prácticos digamos que las palabras designan las cosas y las convierten en lo que son. Tú di “lápiz”,  y “lápiz “ viene a la mente de cualquiera que te escuche. Y si a un niño le dices “esto es un lápiz” el niño reconoce que ese objeto es un lápiz. Igual pasa si le dices “eres estúpido”. Grave, ¿verdad? ¿Ya se va notando la importancia? Un niño no tiene por que dudar de lo que tú dices. Te lo cree todo. Positivo o no. Y un niño, se conoce por lo que tú dices que él es.

Piensa cómo le hablas a tu hijo, qué palabras usas, qué palabras usa su abuela para dirigirse a él, para describir sus actos, cómo le habla tu pareja…

De alguna forma, nuestra sociedad ha evolucionado en cuanto a los derechos de los niños. Antaño, el niño no tenía ningún derecho, ni siquiera se le reconocía como individuo. Si bien no era considerado un objeto, sí era un apéndice familiar que iba y venía como los padres le indicaban. El control se lograba con un zape, un cuartazo o con la implacable mirada calibre 45 de la madre.

Y, aunque los manazos se ven menos en esta época, la actitud adulta de violentar a los niños con palabras no ha cesado. Seguimos escuchando “gritas como niña, eres un chismoso, desobediente, él es torpe para eso,” etc.

Amenazar, descalificar, burlarte, ser irónico, gritar, etc. no le hace bien a NADIE: a los niños los minimizas y ocasionas que construyan una autoimagen errónea; y tú no logras controlar a tus hijos y te conviertes en un abusador (a)… tienes ventaja no porque seas más inteligente sino solo por ser mayor.

La violencia verbal se refiera a lo que decimos y a cómo lo decimos. Permitir la violencia verbal de otro hacia tu hijo te convierte en facilitador del abuso. Cuando hay violencia verbal existe una relación en la que el niño, en clara desventaja, es maltratado (conciente o inconcientemente) por un adulto que tiene mayor poder y es autoridad.

palabras

 Estos son ejemplos de violencia verbal:

  • Referirse negativamente a las capacidades o habilidades de un niño: con ironía, en burla, con seriedad.
  • Degradarlo o descalificarlo (¿qué no oyes, estas sordo?; ah, bravo, muy listo… te caíste; ¡no seas tonto, piensa!)
  • Referirse a su físico con metáforas y sugerencias que implican que no cumple con el concepto de estética: ¡qué bonita cuando te peinas, parecías una brujita! Esto no es para nada un cumplido.
  • Gritar y asustarlo con ademanes, lo convierten en un niño temeroso de ti y de todos.
  • Ridiculizar los géneros: gritas como niña, chismoso como vieja… pareces un macho, ponte falda.
  • Sembrarle calificativos con la sentencia de siempre y nunca: siempre desobedeces, nunca haces esto bien. Nunca y siempre es mucho tiempo… no lo condenes a que nunca o siempre “algo”.
  • Restarle valor a lo que opina, dice, quiere, piensa, etc. ( qué disparate dices, eso es tontería).
  • Hacer juicios sobre su persona.

Si bien la violencia verbal no deja moretones en la espinilla, sí es visible en la conducta del violentado a largo plazo. La violencia verbal puede resultar en baja autoestima, inseguridad, falta de confianza, miedo a relacionarse con otros y con el mismo entorno, timidez extrema, niños con autoimagen distorsionada y negativa, depresión, pobre desempeño académico.

Finalmente, existe la posibilidad de repetir el patrón aprendido siendo violentos con otros, porque es la forma en que han aprendido a relacionarse.

Actualmente sabemos que los niños entienden, pueden usar las palabras para explicarse y se dan a entender.

Con voluntad inquebrantable y de forma incansable aprenden del mundo todo. Y, los adultos deberíamos estar comprometidos a respetar, dar los elementos para que crezcan con salud mental . En el proceso de aprendizaje se crece por ensayo y error. Un niño que tira el agua a veces está experimentando con teorías de fluidos y con la gravedad a su manera. Los padres debemos relajamos (algunas veces) dejarnos conquistar y viajar de su mano hacia nuestra propia infancia interior.

*Mayra Barrientos es amiga, madre, guerrera, otra mujer de mar (del Pacífico mexicano, del hermoso Puerto Vallarta) profesional, empresaria y comprometida con la vida. Y, ahora, además de todo lo que quiere y hace, también escribe y es parte de las mujeres unidas por el mar de  Ser Mamá en Cancún.

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