Un excelente ejemplo para visualizar el efecto de las palabras que elegimos.

Y ahora, ¿qué hago con mis palabras?



Muchas mamás lo hemos leído, no importa que nuestros hijos estén a tres años de entrar a la secundaria. Es de esos post que tocan profundo porque se asocian a un cambio importante, y al mismo tiempo se aplican a cualquier persona, situación y edad.

La metáfora de la pasta de dientes esparcida en el plato y la “intención” de volver a ponerla en su lugar, la deberíamos aplicar todos al levantarnos de la cama. Y sin embargo va perfecto para los chic@s que se adentran en un mundo nuevo en el cual les vendría muy bien definir sus acciones y saber lo que provocan.

Aquí va en original:

Mi hija empieza la secundaria mañana. Hemos decorado su casillero, compramos los útiles, compramos uniformes nuevos incluso una nueva mochila, pero hoy antes de irnos acostar hicimos otra tarea.

Le di tubo de pasta dental y le pedí que le sacara todo en un plato. Cuando terminó muy calladamente le pedí que volviera a ponerla en su lugar y ella respondió “no puedo, es imposible, no volverá a ser como antes”. Y en ese momento le dije:

“Vas a recordar esta plato por el resto de tu vida”. Tus palabras tienen el poder de dar vida o muerte. Ahora que entras a secundaria comprenderás el poder de tus palabras. Tendrás la oportunidad de usar tus palabras para herir, humillar o maltratar, también tendrás la oportunidad de usarlas para sanar, motivar, inspirar y amar a los demás. Ocasionalmente te equivocaras, yo esta semana lo hice 3 veces, pero así como la pasta dental, cuando las palabras salen de tu boca no las puedes regresar.

Usa tus palabras con cuidado. Cuando otros la usen para herirte guarda tus palabras, elige todas las mañanas qué palabras de amor saldrán de tu boca. Elige esta noche que serás una persona que brindará vida en tus compañeros. Que todo el mundo te conozca por tu gentileza y compasión, usa tu vida para dar vida en un mundo que tan desesperadamente lo necesita.

Jamás, JAMÁS, te arrepentirás que elegiste amabilidad.

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El texto es de Amy Beth Gardner y le agradezco infinitamente como mujer y mamá la idea porque hice el ejercicio con mi crío de 9 años, que argumenta como uno de 14 y sabe el poder que tienen sus palabras, a veces las usa indiscriminadamente, es un niño, claro, pero eso no impide que sea consciente de lo que provocan en otros (sobre todo más pequeños) y lo inútil de querer revertirlas una vez que se han hecho voz.

Me miró sorprendido; y reflexionó en silencio. “Está bien, mamá, ya entendí”. Por eso es tan importante visualizar y observar desde otro ángulo todo lo que nuestros actos son capaces de hacer. Podemos crear consciencia desde pequeños y hacer un mejor mundo. Haz la prueba y cuéntanos.

 

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