“Mamá, tu belleza no es importante”, eso me dijo mi —oficialmente— pre-adolescente.

“Mamá, tu belleza no es importante”, eso me dijo mi —oficialmente— pre-adolescente.



Estábamos por ir al parque con los perros; son tres, y mis hijos, dos, así que salir con 5, saben, hay que armarse, además de respirar conscientemente antes de salir. Como ya sé cómo es esa salida, entonces me tomo mi tiempo.

Escojo mi bolsita cruzada donde quiero llevar dinero y el cel (para tomar fotos, es mi mejor pretexto); una gorra, mis mejores tenis… y la crema que me dé la gana en la cara antes de salir.

—“Mamá, apúrate, tu belleza no es importante”.

Bueno, me carcajee.

No respondí y bajé minutos después lista para salir.

Verán, ahora pienso antes de responder, así que también me tomo mi tiempo para eso.

¿Por qué él cree que si me tardo tiene que ver con mi belleza, y por qué ésta no sería importante?

Racionalizando, lo primero fue el estereotipo estético creado hasta ahora por el mundo; y enseguida en que es una exigencia machista creada por los hombres y aceptada par le femme.

 

Me entró la feminazi furiosa.

 

Y ya le iba a decir toda una teoría, a tirar rollo, pero  me contuve. Antes habría defendido y peleado el punto, de contestar, de mostrar mi postura, no importaba el interlocutor. Y esa misma reacción iba a tener ahora con mi hijo.

Ahora trato de pensar dos veces qué me hace reaccionar y me tomo más tiempo para acomodarlo en mis emociones.

Mi tiempo no es el de mi hijo, lo que él quiere es salir de inmediato o hacer otra cosa y yo estoy retrasando su reloj. Y él está todo el tiempo apresurando el mío.

Y así formamos una… quiero usar la palabra “sinfonía”. Y tratamos de afinarla todo el tiempo.

Creo que lo mejor es no reaccionar, sino surfear esa ola, tomar esa curva en el bosque y acercarnos al acantilado. La vida, criando niños o no, se trata de eso.

Así que su frase: “mamá, tu belleza no es importante”, simplemente me pone a pensar, y me hace reír. Seguro lo escuchó en Gumball, esa caricatura que a mí también me divierte. Sabe cómo aplicar frasecitas como esas en contextos acertados.

Un buen parámetro para analizar cómo estamos criando es detenernos a pensar qué situaciones nos hacen reaccionar y cuáles surfeamos o hacemos conscientes; hay que seguir en la ola. Tomarse su tiempo.

Y entonces su frase toma sentido: lo que él llama “belleza” es “tiempo para mí” y sí, es MUY importante.

Se lo hago saber cuando voy preparada y dispuesta. Insisto, es una sinfonía que se afina día con día.

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