Los vestigios (y enseñanzas) de la fiesta

Mamá de varones, hijo 2, año 6



Un segundo hijo es otro universo, por eso las mamás estamos llenas de mundos pararelos. En fin, que mi segudo cumplió seis, esos primeros años donde les puedes dar tantos besos y el apego es fundamental; larga nuestra primera infacia mamífera.

Y entonces se acercan los siete, cuando empiezan a mudar de dientes, se transforma su conducta. Hay que reestructurar el tema de los límites en su propio espacio, se revelan, desafían. Todos, niños y niñas, unos con más empuje. Es parte y es bueno reconocer que así será. La infancia se va espaciando, para decirlo bonito.

Ya casi no lo puedo cargar, tampoco se deja mucho. También viene el salto a la primaria. En fin, que el segundo hijo  es completamente diferente al primero; vaya, la vida se encarga de hacerlos antagónicos para que sigas aprendiendo. Creíste que ya lo sabías todo, pues no. Cada ser es distinto, haya salido de tu vientre o no. Nos reconocemos, nos proyectamos en el otro y si queremos un cambio hay que vernos primero a nosotros mismos.

No puedes esperar que actúe igual que el primero, prácticamente en ningún proceso, es más, a tu hij@ le chocará que así lo hagas, te sorprenderá intentarlo porque no te funcionará; así que mejor diversificar la forma de reconocer y respetar su individualidad. Funciona así casi con cualquier persona que se cruce por nuestras vidas.

“Es que con el primero fue más más fácil porqué…” Olvídate de eso, es otra temporada, mismos personajes diferentes aventuras. Eso sí, la paciencia es bueno que la derrames en la misma proporción para ambos. Por favor, que las que tienen 3 o 4 nos pongan un comentario aquí.

Y en esa celebración de su cumple, le hice un pastel en su escuela y otro con la familia, con diferencia de una semana. En el segundo, él dijo muy convencido que ya no cumplía seis, sino siete. Claro, otro pastel, otros invitados, otro año. La literalidad y su inocencia es lo que sigue manteniéndolos niños y nos enseñan que la idea del tiempo es relativa.

Entre mi propio universo y el de mis hojos no me queda tiempo de aburrirme, si el último año duró una semana, imagínate.

Cada niño viene con su propio cuento, observárlos y dejar que nos lo muestren es la mejor forma de respetarlos. Mientras más nos empecinemos en siluetearlos en la historia que hemos hecho de ellos, más rápido se alejarán emocionalemnte. y queremos justo lo contrario.

Yo, que soy el sandwich entre herman@a, he aprendido que:

  • Los primogénitos tienen un sentido de responsabilidad que a veces agobia a los otros hermanos, también ellos quieren que se haga o los otros se comporten como ellos creen que es mejor. Las madres no debemos pasarles estafetas que no les corresponden.
  • Los hermanos se pelean, por una cosa o la otra. La paciencia consiste en escuchar las versiones de ambos sin desesperarte.
  • Es muy bueno darles tiempo por separado, en vacaciones también, una tarde con uno, la mañana con otro. Los disfrutas mucho y eres mejor observadora de su personalidad.
  • Tienen habilidades y talentos que no vienen ni de ti ni de su padre, no te adornes. traen su propio código.
  • Cuando se diviérten juntos o son solidarios uno con el otro;  hacerles saber que su hermano es un regalo, hacer consciencia de lo bueno que es estar juntos.
  • Hay que dejarlos ser niños todo el tiempo que ellos necesiten, no les adelantemos procesos.
  • Los primos y primas son los máximo; procura que estén en su vida.
  • Por más pequeña que sea, una fiesta infantil cansa como si hubieras corrido 10 km.

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