Mira, esto es lo que he aprendido, dije, siempre puedes mirar lo que te pasa desde dos situaciones, por lo menos, la que no te favorece, y la que puedes moldear para que te favorezca. Hay otra: enojarte y no buscar solución. Tú escoges.

La pubertad y el mundo



Me pregunto si ese despertar a la vida, a esa otra faceta que se llama pubertad generalmente nos hace pelear y argumentar a tope. Las mamás de hoy no dejamos de sorprendernos de lo rápido que crecen, de cómo hoy en día se saltan etapas y la infancia se siente cada vez más corta, ¿cómo estamos contribuyendo para que eso pase? ¿Qué la pubertad no empieza a los 12?

Lo observo dormir e imagino el rostro que enmarcará su sonrisa de joven; es hermoso, como todo lo que florece.

Pero insisto, tiene 10 años y ya sabe demasiado; aquí es donde comprobamos que el mundo se mueve a otra velocidad o es tal vez que cada generación se instala en el ritmo que arropó su infancia y nos cuesta trabajo salir de ahí.

Además de sus amigos de la escuela, tiene una pandilla en el lugar donde vivimos, chicos y chicas del condominio, y lo que se filtra por ahí es digno de estudio, el microcosmos en el que nos encontramos cada mamá; otra comprobación de que cada familia es distinta y que el respetar las diferencias empieza en lo cotidiano.

Y es en las diferencias y en lo que vemos todos los días donde surge un aprendizaje, si quieres verlo así, o ese vicio que se expande por el mundo: ver lo que otros tienen y tú no.

Con el regalo de Santa estuvo feliz, porque era lo que él quería; pero con el de los Reyes, no. Si mi hijo aún creyera que Santa y los Reyes son unos personajes que viven allá en el Polo Norte y el Medio Oriente, tal vez habría manejado mejor su frustración, pero como sabe que somos los padres, tenía justo enfrente a quien reclamarle: “esta patineta no gira, mira, no va derecho…” Había probado otras con sus amigos del condominio.

Su hermano estaba feliz con su juguete, así que acaparó toda la atención. Tenía los ojos brillantes de lágrimas; estaba enojado porque no era la patineta que él esperaba, aunque era un juguetes que funcionaba.

Se creó una expectativa con fecha y marca y, claro, lo que recibió no era suficiente. Nunca pensé que un juguete hiciera enojar a un niño, y menos a uno mío, yo que me creo #mamámindfullnes y que siento que poco a poco le he enseñado a disfrutar y agradecer todo lo que tenemos, que es inmenso.

Por eso no hay que anunciar los regalos, por eso es tan difícil después, en la juventud y en la temprana adultez, si bien te va, ir por la vida preparado, pero si esperar el plan específico; imaginación para afrontar lo que venga.

Me doy cuenta que los chicos de hoy tienen demasiadas tentaciones, y atractores; aparatos con los que cargar, sensaciones anticipadas que sentir.

Bueno, recuérdate, me digo. Y  suena simplista, pero sencillamente cada generación es distinta y, al mismo tiempo, se conecta con lo mismo.

Me pregunto sin embargo si no habrá algo que no estemos haciendo bien.

“Domina esa patineta, tienes una patineta. Hay niños que no reciben nada. Eres hábil, puedes aprender a usar esa, la de tus amigos ya las sabes usar”.

La pubertad, la adolescencia, es una etapa en la que es mejor acompañarlos con perspicaz distancia.

Salimos a caminar.

Mira, esto es lo que he aprendido, dije, siempre puedes mirar lo que te pasa desde dos situaciones, por lo menos, la que no te favorece, y la que puedes moldear para que te favorezca. Hay otra: enojarte y no buscar solución. Tú escoges. —ahí es donde me sale el #mamámindfulness a cuerpo completo—.

Él seguía argumentando.

“Quiero caminar en silencio”, —le dije. Reflexiona contigo mismo.

El silencio es un límite. Y caminando todos los días espero que enseñar a disfrutar lo que tenemos sea algo que llegue pronto, que lo empiece a sentir por momentos. Se la mostraré todo el tiempo como opción, y también le diré que siempre es una elección propia.

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