A compartir se aprende, ¿cómo lo enseñas?

A compartir se aprende, ¿cómo lo enseñas?



Mira a tu alrededor. Tendrás seguramente el celular, la computadora, el maquillaje… esas botas que costaron una fortuna, tu bolsa favorita… ¿Qué te parecería si te pidieran que prestes algo de eso o lo regales? No te encantaría, ¿o sí?  Si eres una persona determinada te sobrepondrías a la pena para decir: ¡Claro que no!… O por pena acabarías cediendo algo valioso, muy molesta por haber dicho “sí” y preguntándote si lo volverás a ver. Eso es porque lo tuyo es tuyo y lo de otro es de otro. Y la propiedad hay que respetarla. Para tus hijos, sus cosas son tan valiosos como para ti las tuyas. ¿Porqué piensas que ellos quieren prestar o compartir lo que es suyo?  Para compartir hay criterios muy sutiles.

Por Mayra Barrientos, #mamádeotromar

 Compartir es un valor muy importante en los niños, pero No está en su naturaleza: se aprende a compartir y se comparte cuando se está listo. Es crucial aprender correctamente a compartir y esa enseñanza, es nuestra tarea (…¡una de cientos!).

En el compartir florece la generosidad, la empatía, la solidaridad y el apego; la capacidad de dar y recibir. Compartir es un acto que nos acerca a los otros y nos abre la puerta a las relaciones interpersonales. Se comparten cosas, tiempo, ideas, pensamientos, emociones; “nos compartimos” para lograr integrarnos a nuestro grupo. Un niño que no aprende a compartir es rechazado, se aísla y ve disminuido su desarrollo humano: así de importante es este acto.

La realidad, por otro lado, es que no nacemos queriendo compartir. Jean Piaget señala una etapa egocéntrica en el niño desde el nacimiento y hasta los 5 años, esto significa que el niño se vive como el centro del universo y demanda todo y a todos para él. No hay otra prioridad y nada es más importante que su satisfacción. Este comportamiento es natural así que no hay motivo para alarmarse si tu hijo pequeño no quiere compartir: simplemente no está listo, no necesita ni quiere compartir porque en este período los niños tienden a jugar solos y porque vive sus cosas como extensión de su cuerpo y resulta verdaderamente doloroso desprenderse de ellas. Esto lo debemos entender, relajarnos y dejar que la naturaleza siga su curso; lo que sí podemos hacer es ir preparando el camino hacia la integración con otros niños.

En el contacto de tu hijo con otros niños, —y esto incluye a sus hermanos— a veces habrá conflicto porque los niños siempre quieren lo que los demás tienen (¡nos pasa a los adultos también!).

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 Aquí algunos puntos a considerar:

 

  • Dejar claro qué es de cada uno y qué es “de todos” .
  • En casa debes respetar la propiedad de cada uno de los niños, poniendo los objetos que el pequeño puede manipular a su alcance y los objetos del hermano a una altura mayor (explicando el por qué).
  •  Crear una cultura de turnos: primero tú con el camión rojo y después tu amigo… y más tarde se agrega otro juguete.
  •  Preguntar qué está dispuesto a compartir y qué no: Emilio quiere compartir con su hermana sus dragones, pero no su cámara y eso debe quedar claro por respeto a todos y por encima de cualquier berrinche.
  •  Está por demás decir que hay objetos que un niño puede manipular, pero otro puede destruir. Evita que se compartan objetos que superan las habilidades de cada niño o que le pongan en riesgo. Explica porqué si o porque no se va a compartir un objeto.
  •  Adquirir juguetes que invitan a jugar en equipo o grupo: juegos de mesa, juegos de construcción.
  • Juega en el exterior a algo que invite a compartir el espacio y respetar turnos.
  •  Prepara a tu hijo antes de salir de casa: vamos a llevar dos muñecos, uno para ti y otro para compartir con tu amigo y jugar juntos. Te lo devolverá para volver a casa (para evitar la angustia de no saber si se lo llevará o lo devolverá).
  •  Llevar algo que tu hijo pueda compartir sin que lo viva como una invasión, como una bolsa de frutas o botanas que ha sido preparada para todos.
  •  Festejar cuando ha compartido y mostrar orgullo.
  •  Respetar SIEMPRE cuando decida no compartir. Puedes, desde luego, dar alternativas: “No compartes esto pero vamos a compartir esto otro”. No puedes inculcar la generosidad por la fuerza. No lo obligues aunque creas que te ves muy mal.
  •  Predicar con el ejemplo: si tu no eres compartida, no esperes que tu hijo quiera compartir y esto incluye tu tiempo. ¿Cuánto tiempo compartes? (compartir no significa estar a su lado jugando Candy Crush) con tus hijos?
  •  Enseñarle a pedir lo que no es suyo.  En el pedir a veces está la disposición de otro para dar.
  •  Enseñarle a negociar. También el querrá algo de alguien quien no esté dispuesto a compartir. Enséñale a resolver esa situación. A respetar la negativa del otro. Enséñale a expresar su frustración y lidiar con ella o canalizarla. (Nosotros mismos a veces no sabemos cómo).
  •  A veces nuestros hijos quieren hablar o jugar con alguien que no quiere interactuar con ellos. Explica que esa persona hoy no quiere compartir su tiempo, no tiene ganas de hablar, no tiene la actitud y que hay que respetarlo. Ayudarle a buscar una actividad diferente o proponerle jugar con alguien más.
  • Guiarlo para que exprese cómo se siente. Que no lo tome personal y aprenda a manejar esas situaciones.

 En la medida en que tus hijos comparten sus ideas y sentimientos adquieren seguridad para el futuro y crece su autoestima. Quien comparte sus ideas y pensamientos tiene mayores oportunidades y gana en habilidades sociales, lenguaje y razonamiento. También aprende a escuchar y a entender a otros estableciendo mejor comunicación.

• Preguntar continuamente cómo les ha ido en la escuela, cómo se sienten respecto a lo que cuentan, de esta forma aprenderán a compartir sentimientos.

• Jugar con ellos y escuchar sus ideas: ponerlas en práctica y ser parte de los planes.

• Leer juntos y animarlos a comentar la historia, preguntar qué les parece, qué piensan o si les gustó…

• Da importancia a lo que te dicen, presta atención, haz preguntas.

A veces, el “NO quiero compartir” o simplemente no compartir es la forma de manifestar un sentimiento: tiene celos, está enojado, no le gusta el grupo que lo rodea, no ha superado la etapa egocéntrica, se resiste a la integración, siente apego a objetos porque le dan seguridad, etc. Es importante encontrar la causa y ayudar al niño a resolverla para evitar aislamiento. Compartir es la base de la socialización y es tan básico, como usar el mismo pegamento o los mismos colores en la escuela con los compañeros.

En conclusión, compartir no se refiere simplemente a objetos es un proceso interminable que inicia en la infancia y que no es natural sino aprendido. Si se logra, se transforma en convivencia, integración social y relaciones interpersonales sanas en la vida (amigos, pareja, familia y, en general, con todos los que nos rodean).

*Mayra Barrientos es amiga, madre, guerrera, otra mujer de mar (del Pacífico mexicano, del hermoso Puerto Vallarta) profesional, empresaria y comprometida con la vida. Y, ahora, además de todo lo que quiere y hace, también escribe y es parte de las mujeres unidas por el mar de  Ser Mamá en Cancún.
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